sábado, 5 de febrero de 2011

LA ABSENTA DEL CORAZÓN-Capítulo 5

Eran más de la una de la madrugada y Nana seguía dando vueltas en la cama si poder dormir. Cerraba los ojos y revivía aquella tarde con Carlos...Recordó el delicado beso de Carlos en su frente mientras sujetaba su cara entre sus manos. Quizá el terrible miedo de perderla para siempre por un arrebatado atrevimiento al besarla en los labios, aunque ardía en deseos, no lo hizo...Este beso fue seguido por unas palabras: "-Natalia, no puedes casarte con mi hermano...ni con nadie, mis sentimientos hacia ti son muy fuertes y no me explico la rapidez con la que has entrado en mi alma, en mi ser... No soportaría verte siendo de otro... Enloquecería de celos al verte en compañía de otro hombre y ver que no eres mía... Te amo, Natalia...Lo siento..Se que no debo...-"

Le abrazó con fuerza y desprendiendo tanto amor que se podía captar en el aire...quizá no con la vista,el olfato,el tacto o el gusto...si no percibiéndolo con el alma, con el corazón..Un segundo que pareció .una eternidad solos, unidos en un abrazo...

Nana enrojecía y sonreía solo de recordarlo. Consiguió dormirse derrivada por el sueño y el cansancio. Ya entrada la mañana Laura entró a su cuarto como siempre con un precioso vestido, pero esta vez, traía consigo un paquete rojo.

-Señorita Natalia, ha llegado esto para usted.- Dijo Laura.

-De acuerdo, Laura, déjalo encima del escritorio- Dijo Nana fingiendo poco interés. Laura era una chismosa y se lo contaba todo a su madre.- Ya te puedes retirar, me vestiré yo sola hoy.

En cuanto Laura cerró la puerta a sus espaldas, Nana  se abalanzó sobre el paquete, lo cogió y se acomodó en su cama para abrirlo despacio y cuidadosamente. Dentro del paquete había un precioso joyero de porcelana que tenía el dibujo de una rosa roja emanando verde absenta, y un hada verde con tentación intentando recoger las gotas que nacían de la rosa. Lo abrió y dentro había una tarjeta que decía: Para Natalia, de Carlos. Junto a la tarjeta había un collar muy sencillo de oro blanco con un delicado rubí en el centro y en el reverso una fina esmeralda. Lo miró como si su sencillez fuese una prueba de que ocultaba algo a su vista.

Estaba leyendo y eran las seis de la tarde, cuando llegó Laura comunicándole que la buscaban. Dio permiso de que pasara y para su sorpresa, era Carlos. Se sentaron juntos en la sala en la que recibían a los invitados. Afortunadamente su madre se encontraba fuera de visita en la casa de unos amigos suyos y tardaría.

- Me agradó mucho tu detalle al enviarme el joyero y el collar- Dijo sonriente y radiante.

-Me alegra que te gustara. Pero he venido para hablar contigo de algo... Porque prefiero que lo sepas por mí a que te lo cuente tu madre y te ponga en mi contra...Natalia, yo estoy prometido a igual que tú con mi hermano, pero no pienso casarme con ella amándote a ti. Natalia, espero que estés dispuesta a enfrentarnos juntos a lo que nos quiera separar...- Dijo serio y con la inseguridad reflejada en sus ojos fusionados.

-Yo también te amo, Carlos, pero no se si mi madre aceptará que te elija en lugar de a tu hermano. Aunque estoy dispuesta a intentarlo, por nuestro amor... Para que nada nos separe jamás...- Dijo con miedo pero muy feliz de que ambos quisieran luchar por ese sentimiento tan hermoso que nació del corazón y que valía la pena conservar...

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