viernes, 28 de enero de 2011

LA ABSENTA DEL CORAZÓN-Capítulo 3

Un rayo de sol atravesó el balcón y acarició la cara de Nana en un vano intento de despertarla. Laura, la criada, entró en la habitación con un vestido rosa palo de un encaje precioso en la falda y el recto escote sin mangas. Acompañado por unos bonitos y sencillos zapatos a juego. Tras vestirse, se hizo un semirecogido adornado con una peineta. Escogió un collar de perlas con pendientes a juego, traidas de Tahití por su tio. Se maquilló escasamente, ya que, no le gustaba ir excesivamente maquillada a diario.

Al llegar al comedor, se encontró con una inesperada visita. Eran el Duque Alfonso, su esposa y sus sobrinos: Lucas y Carlos, el chico misterioso. Carlos estaba sentado frente a su lugar en la mesa. Desayunaron callados ambos, mientras los demas hablaban entre ellos. Carlos estaba pensativo y serio, pero levantó la vista y se dirigió a Nana.

-Natalia, ¿a qué te dedicas en tu tiempo libre?-Preguntó muy interesado.

-Pues...a mi...me gusta el arte,la literatura y la música,dibujo mucho,leo y escribo, y doy clases de canto y piano.-Dijo muy tímida. Sentía que memorizaba cada palabra que salia de sus labios y eso le ponía nerviosa, aunque le gustaba porque nunca ningún chico se había interesado de verdad por sus gustos.-Y tú,¿a qué te dedicas?-

-A mí me gusta la hípica,por aqui hay lugares hermosos para ver, si quisieras te enseñaría y me acompañarías algunos días. También adoro la filosofía,la geografía y la historia. Todo lo que sea saber,aprender y explorar me gusta, pero nada demasiado interesante.-Dijo con una sonrisa arrebatadora.

Se fijó detenidamente en su físico. Sus labios perfectos y gruesos parecían esconder un dulce beso. Sus ojos fusionados que demostraban su interés por ella, por sus gustos, por todo... Y su pelo rebelde le hacía irresistible. Continuaron hablado de miles de cosas relacionadas con sus gustos, miles de planes disparatados le hacían reir apartados del resto de los invitados, del resto del mundo, mesa para dos, mundo para dos... Hasta que intervino la reina ocultando su molestia ante la escena que podia observar.

-Nana, querida,¿por qué no le hablas a Lucas de tu poemario? A él le encanta la literatura tanto como a ti. ¿A que si, Lucas?- Su falsa sonrisa pasó inadvertida ante todos, pero Nana le conocía y notó lo que su madre intentaba hacer.

El resto del desayuno fue una eterna conversación con Lucas, a la que todos prestaban atención como si de un teatro se tratara. Excepto Carlos que continuó comiendo serio y pensativo. Al despedir a los invitados, Nana sintió los labios de Carlos tatuarse en la piel de su mano con un beso para siempre... Pero algo le decía que no se ilusionara, aunque no sabía qué era...

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