Aún la recuerdo en su forma humana, su pálida piel desnuda, tan frágil que temía romperla en mil pedazos al mínimo roce con su piel…
Aún recuerdo su silueta desnuda, mirando el horizonte por la ventana, dándome la espalda con apenas una sábana cubriéndola lo más mínimo…Aún recuerdo esos rojizos cabellos de fuego, que caían pareciendo incendiar su hermosa espalda, y que enmarcaban su cara… Oh, esa cara que contenía los tesoros que me hacían sentir más enamorado cada día...
Esos labios rojos, perfectamente formados y resaltando sobre la nieve de su piel…Esos ojos que contenían un trocito de celo nocturno y brillantes como cada una de sus estrellas, estos mismos ojos me hacían vibrar cada amanecer, haciéndome creer que permanecíamos en una eterna noche, también eran los que me atraían y me llevaban a caer en la tentación de besarla una y mil veces…
Aún recuerdo y siento tatuadas en mi piel, esos abstractos pero bellísimos dibujos que dejaba en todo mi cuerpo con sus caricias…Transformando todo su amor en arte sobre mi piel…
Aún recuerdo su sonrisa cada vez que le susurraba un “te quiero”…Después, siempre, un energético beso en mis labios en señal de una muda correspondencia…
Pero lo que sin duda mejor recuerdo, debido a ser lo más reciente que guardo en mi memoria, es la última vez que la vi, pudiéndose comprobar que era ella… Estaba tan espléndida y hermosa como de costumbre, sin embrago, la noche de sus ojos se veía empañada por miles de lágrimas contenidas a punto de salir a borbotones, bañando con la sustancia del dolor su delicada piel… Pronunció la palabra que me rompió el alma en mil pedazos: “Adiós…”A pesar de sus lágrimas y su voz quebrada, me dedicó una triste sonrisa, la última y más triste sonrisa que vería en su rostro…
Le agarré de la mano y le besé los labios, salados por el paso de sus lágrimas recientes, en un intento de detenerla. De pronto, se desplomó entre mis brazos, no daba crédito a lo que contemplaba, no tengo fuerzas para describir ese instante en el que la perdí para siempre sin llorar, a pesar de haber pasado ya muchos años, el brillo de sus ojos se evaporó hacia el crepúsculo, adelantando la noche inmediatamente, todo su cuerpo y su ser desaparecieron entre mis manos, dejándome ese dolor que siempre me acompañara, y su bello broche que arranqué de su vestido en un desesperado intento de que no desapareciera entre la tierra y la naturaleza de aquel lugar…
Desapareció por completo y en su lugar apareció un árbol hermoso, tan hermoso como ella, que ha ido creciendo hasta hoy, dando cada primavera, frutos rojos y jugosos, como sus labios… Aquel día hice un juramento, bajo la protección del aquel árbol y la mirada del cielo nocturno. Juré que jamás a olvidaría ni la desterraría de mi corazón y mi ser…
Esta carta que cuenta mi historia, es la prueba de que he cumplido mi juramento… Porque hoy es el día que tanto esperé, hoy mis ojos se irán al cielo con los suyos, hoy la tierra se apoderará de mi cuerpo y mi ser para crear nueva naturaleza junto a la de mi amada… Hoy nos uniremos para siempre, en una noche eterna, y volveré a ver su silueta desnuda, mirando el horizonte por la ventana, dándome la espalda, sus cabellos de fuero pareciendo incendiar su espalda y su sonrisa maravillosa cada amanecer…
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